El Romanticismo en la Danza – Lucía Chilibroste

Romanticismo - La Silfide

La Sílfide Marie Taglioni: el romanticismo en la danza

Prof. Lucía Chilibroste

La primera gran obra que el romanticismo se reflejó claramente en la danza, fue en La Sílfide. Estrenada el 12 de marzo de 1832 la Ópera de París, La Sílfide generó en el público parisino algo nunca antes visto, “cercano a la insania” al decir de Laura Falcoff. “Nunca antes ni después ha habido tal desborde de prosa febril y excitada” (1995). A tal punto llegó la locura, que se incorporó la palabra «sílfide» al lenguaje cotidiano.

También sus peinados y vestidos se pusieron de moda, y apareció el verbo «taglioniser» para referirse a moverse con la liviandad de Taglioni.

Romanticismo - La Silfide

A su vez la obra catapultaba al estrellato a su gran protagonista: Marie Taglioni. Desde Nueva York hasta San Petersburgo todos querían montar la obra con ella. Con esta obra (y posteriormente con Giselle -1841), el ballet entraba en el romanticismo cambiando radicalmente el curso de su historia.

Un simple argumento

La trama de La Sílfide es simple y corta. Cuenta la historia de James, un joven campesino que la noche previa a su boda con Eiffie, se le aparece la visión de una hermosa y alada Sílfide, que tras revolotear a su alrededor, lo despierta con un beso e inmediatamente escapa por la chimenea.
Confundido por tal aparición, mientras comienzan los preparativos para la boda aparece la bruja Magde, quién le lee la mano a la prometida y le dice que se casará, pero no con James, sino con Gurn, que también está enamorado de ella. Ante tal situación, James, la echa.  El día de la boda, la visión aparece nuevamente. Y James, dividido entre el amor terrenal que representa Effie y el ideal imposible de la Sílfide, decide seguir a la última, dejando a la primera con el corazón destrozado.

El segundo acto transcurre en el bosque donde la bruja Magde prepara su venganza. James es buscado por Gurn, pero la bruja lo convence que abandone la búsqueda y se case con su amor Effie. Más tarde James encuentra a Magde quien engañándolo, le entrega un chal envenenado, con el cual supuestamente la Sílfide se quedaría a su lado. Al poner el manto sobre los hombros de su amada, esta pierde las alas y muere.
Con el dolor de su amante muerta, de lejos ve cómo se concreta la boda entre Eiffie y Gurn. Y Magde que se burla de él, le obliga a ver cómo es transportado el cuerpo ya sin vida de su Sílfide.

La trascendencia de La Sílfide

En retrospectiva, se observa que el secreto del suceso residió, tal como señala el bailarín y coreógrafo francés Pierre Lacotte, en que “previamente a La Sílfide la danza había sido un divertissement, y a partir de ese momento se transforma en un arte” (1995). Con esta obra (y posteriormente con Giselle -1841), el ballet entraba en el romanticismo cambiando radicalmente el curso de su historia.
El éxito de La Sílfide se apoya, tal como señalamos en el artículo anterior, en distintos aspectos. Por un lado se encuentra la temática, la cual desarrollada en dos mundos apela en forma directa y profunda a las emociones de los espectadores. También en el cambio de estética con dos granes aportes: el particular tutú romántico y el uso de las zapatillas de puntas, los cuales permitieron a las bailarinas, que se convirtieron en las protagonistas incuestionables del período, un movimiento más ligero, así como ofrecer la sensación de ser más livianas y etéreas.

También favorecieron a este éxito, los nuevos adelantos técnicos que la Opera de Paris había desarrollado, como la introducción de la iluminación a gas y el desarrollo de la técnica de superposición en los decorados, los cuales sumados a que se comenzó a apagar la luz de sala, permitían crear los efectos sobrenaturales que exigían las obras románticas. Pero sin lugar a dudas, el éxito de la obra es inseparable de su protagonista, Marie Taglioni.
El libreto fue obra del tenor A. Nourrit, un gran admirador, y la coreografía fue especialmente creada por su padre, Filippo Taglioni. Más tarde la música fue encargada a un compositor de la Ópera de París: Schneitzhoeffer.

Marie Taglioni

La Sílfide es inseparable de su gran protagonista Marie Taglioni. Su éxito y la identificación que tuvo con el público, nunca antes visto con una bailarina, condujo a que la gente creyera que realmente poseía las mismas cualidades que el personaje.

Marie provenía de una familia de artistas. Hija del famoso coreógrafo Filippo Taglioni, durante su juventud la familia se mudó varias veces, acompañando a su padre en sus diferentes trabajos. Así fue que vivió y estudió en Viena y Kassel y luego se trasladó con su familia a París. A sus 17 años mientras Marie estudiaba en la Escuela de la Opera de Paris, el entonces director de la Escuela Jean Aumer, con mucho cariño le recomendó a su madre: “Querida Madame, ¿querría aceptar un consejo de un buen amigo? Bien, entonces haga que su hija siga la carrera de peluquera; ella jamás será buena bailarina”.

Ante tal situación su padre se trasladó a Viena donde consiguió un contrato, y allí comenzó con un riguroso entrenamiento. Muchos años después Marie recordaba cómo su padre la sometía a largas horas de entrenamiento diarios, de los cuales muchas veces salía casi que al borde del desmayo.

Años más tarde, ya a la edad de 27, a parir de su papel de la su rol de la Sílfide Marie Taglioni se convirtió en la primera gran “etoile” del mundo de la danza. Rol del que nunca logró (ni intentó) despegarse, ya que le permitió gozar, mientras que el aura duró, de una vida de inimaginables privilegios artísticos, entre los que podemos señalar, que no permitía bailar con nadie que pudiese llegar a recibir más aplausos que ella. Pero como todo llega a su fin, pronto la Opera de Paris (que también estaba cansada de los excesos de la Taglioni), ascendió a otra “etolie” mucho más joven y dueña de una nueva forma de bailar: Fanny Elssler.

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