Danza y Ballet – Crónica de un encuentro con Margot Fonteyn

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Danza y Ballet – Crónica de un encuentro con Margot Fonteyn
Crónica de un encuentro con Margot Fonteyn – Lucía Chilibroste

¿Dónde has quedado?
Por Lucía Chilibroste

Hace un tiempo estuve en Panamá en una escala de aviones durante menos de 24 horas. Desde que supe que tendría ese tiempo allí, me propuse desesperadamente saber si Margot Fonteyn, que sabía que había muerto en Panamá el 21 de Febrero de 1991 a los setentaiún años de edad, aún se encontraba enterrada en ese país, o lo que para un desprevenido hubiese sido más esperable, que estuviese en su Inglaterra natal.

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Dame Margot Fonteyn
Margot Fonteyn fue uno de los mayores símbolos de la danza del siglo XX. Generaciones completas decidieron dedicar su vida al ballet tras haberla visto bailar, tanto en vivo, como en cine o por televisión.
Poseedora de una técnica y una gracia particular tuvo una carrera muy larga. Hacia 1935 con sólo dieciséis años ya entró en el Vic-Wells Ballet (hoy Royal Ballet) donde enseguida comenzó a bailar los roles principales que la gran estrella Alicia Markova había dejado tras su partida. Y A sus cuarenta y cuatro años ya siendo una bailarina consagrada internacionalmente, estaba pensando en iniciar su retiro.

Pero en 1962 su carrera dio un giro inesperado y renovador, que cambió no sólo su vida personal, sino la de todos los balletómanos del mundo: se formaba una de las parejas escénicas más importante del siglo (sino “la” más importante). Es que en 1962, Margot Fontyen conoce y se convierte en pareja escénica del joven Rudolf Nureyev, recién exiliado de la URSS, quién era veintiún años menor.

Ella misma cuenta en su autobiografía que cuando la directora del Royal Ballet Ninette de Valois de dijo que Nureyev quería bailar Giselle con ella, su reacción inmediata fue: “¡No, por Dios! Creo que sería como una oveja bailando con un cordero. ¿No crees que estoy demasiado vieja?”. Pero enseguida agrega: “Lo discutí con Tito [su esposo] y llegamos a la conclusión de que Rudolf iba a ser la gran sensación del próximo año y que, o yo subía a ese tren, o mejor me retiraba por completo”.

Y así fue que se subió a “ese tren” el cual condujo a un increíble resultado. El joven Nureyev, veinte años menor y con una vitalidad y calidad de movimientos nunca antes visto en Occidente, lejos de “hacerla ver vieja” le aportó una frescura y vitalidad, que Fonteyn devolvió con experiencia y presencia escénica.

Fonteyn se casó en 1955 con el político panameño Roberto (Tito) Arias, figura inseparable de su vida. Muchas voces del mundo de la danza no simpatizaban con el esposo de Fonteyn, por su fama de playboy y conocidas infidelidades. A los diez años del casamiento, Arias recibió una bala que lo dejó paralizado. Y fue su esposa quien se encargó de su cuidado y de seguir bailando hasta muy mayor, para poder pagar sus tratamientos. Se mudaron a Panamá, donde vivieron en una granja a la que llamaron “La quinta pata”.

En 1989 Tito murió. Y sus infidelidades parece que continuaron hasta el final, ya que a las horas que se supo la noticia, su amante Anabella Vallarino decidió quitarse enseguida la vida, para que sus velorios transcurriesen casi que de forma simultánea y poder estar con él en el más allá.

Cunado Fonteyn murió en 1991, su deseo también fue poder encantarse con Tito, y por eso expresamente pidió que sus cenizas estuviesen junto a las de él. Y es por eso que hoy Fotneyn descansa en Panamá.
Tal como decía, generaciones enteras nos fascinamos con Margot Fonteyn. Y por eso sentía que en mi pasada por allí debía de ir a llevarle una flor.

El encuentro

No fue fácil encontrarla. Naturalmente el rastreo comenzó antes de llegar a Panamá.
La prensa que pude relevar desde Uruguay cubrió su muerte, así como la magnífica misa que le celebraron en Londres, sin embargo luego no se detalló dónde quedaron sus restos. Pero en la biografía que Meredith Daneman escribió sobre ella publicada en el 2004, encontré la información de que había sido enterrada en el cementerio privado “Jardín de Paz”, en las afueras de la capital, en una muy modesta tumba, no junto a su esposo, tal cual se le había prometido, sino a sus pies.

Así fue que me contacté con el “Jardín de Paz” para comprobar que efectivamente allí estuviese Fonteyn, pero me informan que en el 2005 había sido trasladada al Santuario Nacional de Corazón de María, en Ciudad de Panamá mismo, donde me confirmaron que efectivamente allí se encentaba.
Tras llegar y tomarme un taxi directo al Santuario Nacional del Corazón, pensaba en el camino que me parecía inconcebible imaginar a Fonteyn, que era el símbolo de la flema y elegancia inglesa, en una desorganizada y polvorienta ciudad del Caribe, como es Ciudad de Panamá.

Totalmente desinformada sobre el Santuario, como fan de Fonteyn llegué expectante de encontrar algún tipo de altar, sino dedicado a la bailarina, al menos a su esposo, que por su participación política, suponía que debía de ser importante. Pero no. No había ningún altar ni nada que me indicara que Fonteyn estuviese allí. Sólo había una Iglesia tradicional, y en un subsuelo al costado una cripta con una gran cantidad de pasillos que parecían casi que un laberinto.

Aparentando ser una turista despistada, comencé a preguntar a las personas que se encontraban en el Santuario sobre la bailarina, y nadie, pero nadie supo decirme nada. ¿Cómo podía ser que Fonteyn estuviese allí y nadie lo supiese? Pues sí, nadie la conocía.

Intenté bajar al sector de las criptas y encontrarla por mí misma. Tal vez allí sí estaba el destacado altar-monumento-reconocimiento que yo sentía que Fonteyn merecía de tener. Pero desistí a los pocos minutos. En los incontables pasillos de la cripta había más de 10.000 nichos, por lo que sería imposible encontrarla sin ayuda.
Así fue que me dirigí a la oficina que regulaba el Santuario donde una amable secretaria, me dio los datos que necesitaba: nicho número 5.695. Y en esa secretaria encontré a alguien que por fin la conocía, ya que me comentó que dos por tres algunos turistas que seguían su carrera, llegaban preguntando por ella.

Y ahí comenzó el camino hacia el esperado encuentro. Comencé a bajar las escaleras que nuevamente me llevaban a las diferentes criptas. El lugar era muy grande. Muchos pasillos que derivaban en otros pasillos oscuros y mal ventilados, con ese olor típico y un tanto nauseabundo fruto de las antiguas flores frescas que comienzan a morir.
Finalmente después de caminar por varios pasillos, en un ala no muy “poblada” encuentro el nicho número 5.695. No podía creer lo que estaba viendo. Contaba con una simple lápida que decía: “Roberto Emilio Arias Guardia 26 octubre 1918 – 22 noviembre 1989. Dame Margot Fonteyn de Arias 19 de mayo 1919 – 21 febrero 1991” acompañada de unas flores artificiales color amarillo claro y un clavel marchito.

De verdad que no daba crédito de lo que estaba viendo. Sentía una mezcla de alegría por haberla encontrado, pero también tristeza por la situación en la que estaba. No me dejaba de preguntar (o preguntarle): ¿Dónde te han dejado? ¿Cómo es que podés estar acá? ¡Sos Margot Fonteyn!. Sin embargo después ya de nuevo en el avión y con el corazón más frío, la pregunta aún sin responder pasó a ser: ¿por qué elegiste estar ahí?

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